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Terapia Tomatis

Maite
“Soy todo oídos”, dicen algunos cuando quieren dar fe de que toda su atención, sin distracciones, está dedicada a un sujeto o a un tema. Y cuando se trata del funcionamiento de nuestro oído fisiológico, existen estudios que comprueban que lo que escuchamos afecta, de modo irrefutable, no sólo cómo procesamos las ideas, sino cómo interactuamos con el mundo exterior.

Oír sin escuchar

De acuerdo con los estudiosos, algunos individuos, como aquellos que padecen de autismo, actúan como si estuvieran sordos, aunque sus órganos auditivos estén en perfectas condiciones. Por ejemplo, raras veces responden a su nombre, balbucean ininteligiblemente o hablan de manera robótica -monotónica y sin inflexiones- y se sobresaltan con ciertos sonidos, como el timbre de un teléfono o el ladrido de un perro. De otra parte, son capaces de oír música a un volumen tan alto que a otros les daría dolor de cabeza.

Y aunque para muchos, dicho comportamiento pueda resultar incomprensible y perturbador, como bien lo explicara Nellie Torres de Carella, patóloga del habla y directora del Centro Tomatis de Puerto Rico, “oír y escuchar son dos cosas bien diferentes. Cuando escuchamos, lo hacemos con todo nuestro cuerpo. Oír es bien pasivo; escuchar es bien dinámico, pues implica que nuestra voluntad está envuelta en ello. Así que, aunque es un acto fisiológico, también es un acto intencional”.

Quienes exhiben deficiencias en el manejo de los sonidos también suelen tener dificultad para extraer los sonidos importantes (información específica) de los ambientales. Por eso, por ejemplo, hay niños que no pueden procesar o asimilar la voz de sus mamás dándoles instrucciones, mientras el televisor está encendido y la aspiradora está funcionando.

Un gran descubrimiento
Pero no sólo los autistas presentan dificultades para procesar los sonidos. Pacientes de síndrome de Down, niños y adultos con problemas de aprendizaje, problemas del habla y el lenguaje, y déficit de atención -con o sin hiperactividad-, entre otros, exhiben comportamientos que reflejan dificultad para escuchar bien. Esto se sabe gracias a los descubrimientos de un otorrinolaringólogo -especialista en oídos, nariz y garganta- francés, el Dr. Alfred Tomatis.

El desarrollador de una ciencia que hoy llamamos Audiosicofonología (APP, por sus siglas en inglés), y del método Tomatis, fue quien descubrió que la incapacidad para escuchar bien es la raíz de muchos problemas de aprendizaje. Y su teoría sostiene que si “filtramos” los sonidos importantes de lo que es el “ruido ambiental”, podremos captar mejor las ideas y comprender mejor los conceptos.

La inspiración de Tomatis
Según relatara Torres de Carella, el padre del Dr. Tomatis era cantante de ópera y como su hijo era otorrinolaringólogo, solicitó su ayuda para tratar a sopranos que ya no podían emitir las notas más altas que su carrera requería. Durante sus exámenes, Tomatis descubrió que la razón por la cual las cantantes ya no podían reproducir esas notas altas era porque habían dejado de escucharlas.
De ahí surge la idea de construir un equipo que se encargara de filtrar las notas de una melodía para que sólo se escucharan las notas altas.

El oído electrónico
Para lograr su propósito, el galeno inventó un aparato que llamó “el oído electrónico”, una máquina que permite que las personas ejerciten sus funciones de procesamiento sensorial porque filtra los sonidos de modo que se puedan percibir sin distorsión ni contaminación.

Y, en efecto, en cuanto las cantantes utilizaron el oído electrónico para poder escuchar las notas altas, volvieron a reproducirlas.
Así fue como el galeno comprobó que, ciertamente, una persona sólo puede reproducir lo que puede escuchar. Si deja de escuchar un sonido, dejará, consecuentemente, de reproducirlo.

Según también informara Torres de Carella, los estudios posteriores del médico francés lo llevaron a descubrir que su sistema de entrenamiento auditivo también podía ayudar a “restaurar o a desarrollar las habilidades del oído para escuchar eficazmente, organizar (los pensamientos) y balancear nuestra conducta”. Más aún, Tomatis concluyó que habilidades que, a menudo, tomamos por sentado, “como la atención, la motivación, el autocontrol, la lectura, la escritura, el habla y el desarrollo de relaciones (interpersonales), entre otras, están directamente relacionadas con la capacidad para escuchar bien y procesar lo que se escucha”.

La conclusión de Tomatis fue que, dependiendo del área de comportamiento o desempeño que se quisiera mejorar en un individuo -reacciones motoras, destrezas de comunicación o expresión y manejo de las emociones-, se debían emplear terapias de sonido enfocadas en diferentes frecuencias de ondas hertzianas (ondas electromagnéticas).
Dichas frecuencias pueden ir desde las más graves (125 a 700 hertz) y las intermedias (1,000 a 3,000 hertz), hasta las más agudas (3,000 a 9,000 hertz).

Cómo funciona
La manera en que el oído electrónico Tomatis logra restablecer el balance auditivo es filtrando los sonidos. Es decir, mecánicamente separando diferentes frecuencias de sonido. Nellie Torres de Carella lo describió como “un coro que tú escuchas primero con todas las voces: sopranos, barítonos, tenores, bajos, etc. Filtrar el sonido sería el equivalente de que todos se callaran, excepto las sopranos, por ejemplo, para que pudiéramos escuchar sus voces sin ningún tipo de contaminación”.

Y el sonido que Tomatis -al igual que todos los estudiosos que posteriormente siguieron sus pasos- escogió para este tipo de terapia fue la música de Wolfgang Amadeus Mozart.

¿Por qué Mozart?
Alfred Tomatis descubrió que la música de Mozart poseía unos patrones de ritmo y frecuencias muy particulares. “Son patrones y frecuencias que se repiten”, explicó Torres de Carella, “y al cerebro le gustan las secuencias repetitivas y organizadas para funcionar”.

De hecho, la frecuencias de la música que Mozart compuso para violines y flautas están consideradas entre las más altas -de 125 a 9,000 hertz-, lo que las hace ideales para este tipo de terapia auditiva que busca estimular partes específicas del cerebro.

El oído y el cuerpo
Continuó explicando Torres de Carella que las distintas partes del oído tienen que ver con el funcionamiento de nuestro cuerpo. Y cuando se trata del método Tomatis, las partes que se ejercitan con la terapia auditiva son las del oído medio y el interno. Éstas se dividen en dos áreas: la cóclea, que es el órgano final de la audición y que tiene forma de caracol, y el vestíbulo que posee unos canales semicirculares.

“Según lo descubriera la Dra. A. Jean Ayres, contemporánea con Tomatis, el sistema vestibular tiene que ver con el balance, el equilibrio, el tono muscular del cuerpo y el seguimiento visual. Por ejemplo, el movimiento de los ojos siguiendo las letras en un papel, de izquierda a derecha, está controlado desde el oído por el sistema vestibular. De igual forma, a la hora de escribir, nuestra capacidad manual para agarrar el lápiz, eso quien lo controla es también el sistema vestibular”.

Más aún, señaló, también la patóloga del habla, que “igual que tenemos una mano, un pie o un ojo dominando, tenemos un oído dominante, el derecho. Esto es así porque el procesamiento de la información va directamente del oído derecho al hemisferio cerebral izquierdo, que es donde se encuentran las áreas del lenguaje y donde se procesan los mensajes. Con el oído electrónico Tomatis, se fortalece el oído derecho para mejorar el procesamiento auditivo”.

El método Tomatis en Puerto Rico
El Centro Tomatis que dirige Nellie Torres de Carella es el primero en la Isla en ofrecer este innovador programa, que busca mejorar la capacidad de comprensión y de aprendizaje, las facultades de comunicación y la habilidad para relacionarse con otras personas.

Otros beneficios del método Tomatis son:
- mejora destrezas de lenguaje y habla
- mejora destrezas para la lectura y la escritura
- mejora la atención y la concentración
- mejora destrezas de autocontrol

Pero estos logros requieren de compromiso y paciencia, sobre todo, por parte de los padres de niños con discapacidades como autismo, síndrome de Down, entre otros, así como de adultos con desorden de ansiedad y estrés, problemas de atención y procesamiento auditivo.

El programa consiste en tres fases básicas de dos horas diarias: la primera dura 15 días, la segunda y la tercera duran ocho días cada una. Entre cada fase se provee un descanso de tres a seis semanas para proporcionarle al cerebro el tiempo necesario para integrar toda la información obtenida mediante la estimulación auditiva.

A medida que el individuo va progresando, se le administra una serie de sesiones de refuerzo, las cuales se imparten cada tres a cuatro meses, durante el primer año. De este modo se continúan estimulando las áreas mejoradas y se busca “despertar” las que aún no hayan demostrado señales de progreso.

No es una cura, sino una gran herramienta

Es de suma importancia comprender que el método Tomatis no es una cura para el autismo ni para el síndrome de Down; es una herramienta clave para estimular el cerebro. Es, como indicó Nellie Torres de Carella, “el sonido de la esperanza porque llega a áreas que las terapias tradicionales no pueden llegar, trabajando con la causa y no con el síntoma, acortando, así, los años interminables que pasan los niños recibiendo variedad de tratamientos”.

Nellie Torres de Carella es patóloga del habla y miembro de la Asociación Internacional de consultores de Tomatis, con sede en Luxemburgo. El Centro Tomatis de Puerto Rico está ubicado en la Urb. La Riviera, calle 54 S-E, #1273, en San Juan. Teléfonos 787-774-1163 y 787-774-1164.

La Terapia Tomatis, un milagro en nuestra vida
EJ, nuestro adorado hijo, es evidencia cada día que pasa de la efectividad de la Terapia Tomatis. Al igual que muchos niños con Autismo que han tomado esta terapia intensiva, a EJ también le funcionó. En agosto mi hijo sólo hablaba palabras sueltas, no conversaba, no me miraba, le tenía terror a las personas (adultos y niños), tenía hiperacustia, se agredía y me agredía con cabezazos.
Todos los especialistas que visitamos nos dijeron que tenía autismo. Asi que me dí a la tarea de buscar en la internet qué podía hacer con mi hijo para ayudarlo. Comenzó con la Terapia de Habla y la Dieta libre de Glutén y Caseína en agosto del 2005. En octubre dimos un salto a Tomatis porque nos hacía sentido lo que nos decían. El problema principal de mi hijo era el procesamiento sensorial a nivel cerebral ya que en todas la pruebas de laboratorio, neurológicas, auditivas y metabólicas salía bien.

Comenzamos la Terapia Tomatis y después de los primeros días el nene comenzó un esfuerzo extraordinario por comunicarse hablando. Para la primera semana mi hijo comenzó a hablarme en frases. Hoy en enero del 2006, a tan sólo 3 meses de la Terapia Tomatis, si usted ve a mi hijo jamás imaginará que es autista. Comparte con otros niños y hace preguntas sobre todo lo que le rodea, saluda a los adultos, no hace rabietas y habla hasta por los codos, como un niño de su edad, 3 años, en oraciones completas, con sentido y propósito. Los que lo conocen dicen que hasta la expresión facial le ha cambiado, es el rostro de un niño feliz.

La Terapia Tomatis es ofrecida en Puerto Rico por la Dra. Nelly Torres y su excelente equipo de Terapeutas en Río Piedras. Allí acuden padres provenientes de toda la Isla. Además de niños con autismo esta terapia es utilizada para niños con dislexia, Déficit de Atención, Hiperactividad y Síndrome de Down entre otras condiciones. El teléfono a llamar es el (787) 774-1164 y el fax es el (787) 774-1167.

http://frentealautismo.blogsome.com/category/terapia-tomatis/
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2 comentarios:

Unknown

Bueno yo tengo a mi hija 5 meses y veo q avanzo muy lento y eso q ella no tiend autismo

Juan Nunura

Bueno yo tengo a mi hija 5 meses y veo q avanzo muy lento y eso q ella no tiend autismo

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