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Carta desesperada a Julen a los 9 meses

Maite
Julen nació en Febrero del 2006 a las 37 semanas. Yo tenía tres costillas rotas, 22 kilos de más y no podía respirar, literalmente; por consiguiente, Julen se ahogaba y debía salir urgentemente.
Antes de acabar el año ya había pasado por el psiquiatra, ya que la pediatra de Julen me tachó de histérica depresiva y me recomendó buscar ayuda. Tan sólo le había pedido algo para hacerle dormir... era él o yo. Estaba a punto de tirarme por una ventana si no conseguía dormir una noche entera y aún tenía dolores. Julen lloraba una media de 8 horas al día, más las de la noche.
Busqué esa ayuda profesional, pensando que sería lo mejor para Julen. Un mes y medio de terapia y dinero gastado fueron suficientes para llegar a la conclusión de que no estaba histérica, sino los demás equivocados. Deprimida, puede que un poco, eso sí lo reconozco.
De esas sesiones con la psiquiatra salí más fuerte y más convencida aún de que a Julen le sucedía algo, y más fuerte y con más ganas de luchar por saber qué era. Algo... que ahora, tras dos años, sé lo que es, y se llama Autismo.

Esta carta que voy a adjuntar a continuación la escribí sin dejar de llorar ni en una sola línea. Y ahora que la leo me hace revivir, vuelvo a llorar, pero también suspiro de alivio porque ahora le comprendo, y porque ahora "ME" perdono.


Sea como sea, sé que especialmente esta época que viví me ha marcado de por vida. Aún hoy despierto muchas noches oyendo gritos de bebé. No pude experimentar lo que cualquier mujer desea cuando es madre, vivir y sentir un bebé, su calidez, su dulzura, su dependencia, su necesidad de contacto, su ternura, su necesidad de ser abrazado, su mirada de "tú eres mi mami y eres lo mejor que hay en el mundo". Jamás me sentí imprescindible para él. Esas carencias no las podré olvidar, jamás.
Y aún así, le quiero tanto que hasta me duele.

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19 de noviembre de 2006

A mi pituso, a mi amor, a mi nene, a mi cosita, al amor de mi vida, a mi mayor tesoro, a la personita por la que daría todo en esta vida, hasta la vida misma.

Casi tienes 9 meses, llevas más tiempo en este mundo que lo que estuviste dentro de mi. Y hoy, después de tanto tiempo, puedo decir que aún no te conozco.

Han sido meses intensos, meses mejores, meses peores, pero a estas alturas siento decir, y espero que esto no lo sepas nunca, que cada día contigo se me hace más difícil. O quizá si, quizá te lo explique cuando tú vayas a ser padre, quizá te explique que el papel de padre no es tan sencillo, que no es solamente la falta de horas de sueño, el compaginar trabajo y familia, que no es solamente renunciar a tu vida pasada de viajes, de fiestas y salidas con amigos o un día divertido de compras, que no es solamente el cambiar tu vida y amoldarla a una personita, a tu hijo, sino que también es temer cada día si lo que haces es lo acertado y si tu hijo es feliz. Es llegar a llorar de rabia, de impotencia, llorar por sentirte rechazado, por no entender, por cansancio, por pensar que algo haces mal que no salen las cosas como tenías pensado o como sería lógico que fuesen, por esperar más cuando ese más no llega o no parece llegar nunca. Llorar por agotamiento, porque se te ha olvidado comer, porque no te da tiempo a hacer nada mas que cuidar y estar pendiente de tu hijo, porque no te ha dado tiempo a ducharte en días, porque todo está desordenado, porque no tienes tiempo para ti, porque tu vida se centra en cambiar pañales, calmar llantos, mecer en brazos. Supone dormirte casi de pie, no tener tiempo para sentarte relajadamente durante todo el día, hacer mil cosas al mismo tiempo… y cuando llega la noche, con suerte, y si hay silencio, te echas en la cama o en el sofá y coges aire, agotado. Eso es ser padre, o al menos, eso es ser padre de un bebé absorvente que no te deja hacer nada que no sea estar pendiente de él las 24 horas del día porque no deja de llorar, y pese a tus atenciones, pese a tu esfuerzo, pese a tu cansancio, sigue y sigue llorando. Por qué? Ojalá lo supiera. Se siente una impotencia que, mes tras mes, va haciendo mella en la paciencia de cualquiera e incluso en su propia autoestima.

Cada día me despierto con tu voz. Podría parecer romántico, podría parecer encantador. Pero en este caso no es así. Cada mañana te levantas llorando, no sabemos aún por qué. Quizá este mundo se te haga duro? Quizá lo que ves al despertar no es lo que esperas? Quizá necesites algo que yo no sepa darte? Pero cada día temo el momento en que el día empiece para ti, que es el momento que empieza para mí, y cada día deseo más que llegue la noche y la hora de tu último bibe para acostarte. Y con suerte, con mucha suerte, pasar una noche en silencio, sin mil despertares que no te dejas calmar, que recibes mis brazos a empujones, a golpes, revolviéndote y como no queriendo saber nada ni queriendo que te calmen. No te importa la hora que sea, no te importa si amanece con sol o con lluvia, tú siempre estás ahí, llorando. Y yo cada día estoy más cansada de que se te haga duro el día, porque igualmente duro se me hace a mí, que no te entiendo. Hemos probado mil cosas, hemos pensado en mil por qués, hemos puesto mil remedios, pero nada funciona.

¿El día también se te hace duro? Necesitas algo que yo no alcanzo a darte? Porque tus lloros llegan incansables hasta la noche, no pareces un niño feliz incluso teniendo alrededor todo lo que un bebé necesitaría para crecer entre sonrisas. Has visto la mía desde el mismo día en que naciste aun cuando me dolía el mero hecho de respirar, la he mantenido hasta hoy porque haces que me sienta feliz por se madre, pero cada día veo que me estás apagando, cada día siento que estoy más cansada, cada día me veo más impotente ante esta situación en la que yo te doy absolutamente todo de mi, en la que me esfuerzo cada día para que seas feliz, en la que hago lo impensable por acertar y porque tus días estén llenos de risas y felicidad, y no haces nada ni por entenderlo ni por aprovecharlo. Si supieras que tan solo con una sonrisa me harías feliz… pero son tan pocas, tan pocas las que me dedicas… Son eternas horas de llantos, son eternas horas de rabietas, incansables, así, durante meses y meses, días peores, días mejores, pero al final, muchos o pocos, más bien muchos, todos agotadores. Y cada día pienso por qué sufrirás, cada día pienso en qué me equivoco, en qué necesitas para estar bien que yo no alcanzo a comprender, cada día me siento más culpable, pero también me desespero y me dan ganas de dejarte solo llorando porque no soporto más tanta tensión. Porque veo que tú creces, sano, y yo cada vez me voy apagando, y meto caer en una enfermedad de puro agotamiento. Y si yo caigo? Quién se hará cargo de ti? Quizá otra persona te haría más feliz? Quizá necesites un cambio? Quizá tu madre no te de lo que necesitas? Muchas veces me haces cuestionármelo, tantas veces me haces sentirme infeliz. Y es que ya llego a un punto, muchos días, que digo que ya no puedo más. Pero si, no se de dónde se sacan las fuerzas, pero al día siguiente puedo, y al siguiente puedo, y mañana podré, pero no sé hasta cuando. Me estás quitando la alegría, me estás haciendo llorar más que nadie, y aún así te quiero tanto… Porque en realidad solo quiero tu bienestar, porque mi meta desde que naciste es esa, y lo será.

Solo sueño con que un día despiertes y veas que el mundo no es tan duro. Que abras los ojos y veas que con tu sonrisa llegarán muchas más, la contagiarás a todos los que tienes a tu alrededor y los días serán más divertidos, más felices, y yo, tu madre, seré plenamente feliz, seré la mujer más feliz del mundo. Solo pido dejar de oirte llorar… mis oidos lo necesitan, mi mente lo necesita, todo mi cuerpo lo necesita. Necesito pasar un día sin temer si ésto o lo otro te hará llorar, necesito poder experimentar cosas sin temer que terminen en rabietas, necesito tener libertad para moverme sabiendo que estarás bien, necesito un descanso, necesito disfrutar de ti. Si supieras la alegría que entra en esta casa cuando tú tienes un día bueno, si supieras lo relajada que estoy cuando te veo disfrutar y lo que me apetece abrazarte y besarte… si entendieras que las cosas bonitas llegan cuando tú estás dispuesto a recibirlas, los dos sufriríamos menos.

Me da miedo que crezcas inseguro, que crezcas llorando, que seas un niño triste, que no disfrutes de lo que hay alrededor porque tus lloros no te dan oportunidad de conocerlo. El mundo está ahí, esperándote, lleno de colores, de juguetes, de sonidos, de sonrisas, de gente que te quiere. Solo espero que no tarde mucho el día en que te des cuenta de lo feliz que puedes llegar a ser con todo lo que te aguarda. Y de lo feliz que me harás a mi si te veo feliz a ti.

Te quiero mucho Julen, pero necesito que cambies. Ya no se qué más hacer. Te quiero pero no te soporto más. Sacas de mi lo peor, los peores instintos, se que es por mi cansancio, pero lo haces. Me tiro de los pelos literalmente, no aguanto tus arañazos, tus patadas, tus cabezazos, tus ganas de negarte a cualquier cosa que se esté haciendo parece que por el puro placer de decir “no”. Ni cambiar el pañal, ni jugar, ni comer, ni secarte tras el baño, ni vestirte, ni dejarte siquiera en ocasiones darte un beso; no haces nada sin llorar. Es demasiado rechazo todo el día de ti hacia todo lo que te rodea, son demasiados lloros, es demasiada tensión y demasiado agotamiento y tengo sentimientos contradictorios e incluso llego a sentir rechazo hacia tí. Es puro cansancio, lo se, pero es lo que siento en estos momentos. Solo deseo que duermas, que duermas y calles, no puedo más.

Luego tienes esos momentos de gloria que te comería a besos. Pero son tan pocos… son muchas más las horas que pasas llorando que tranquilo. Pero cuando sonríes el cielo se abre para mi. Eres la persona que más rápido me haces cambiar de estado de ánimo; te veo llorar, y ya no puedo hacer por calmarte, al segundo sonríes y yo sonrío como si nada hubiese pasado y siento que podré con la siguiente rabieta. Pero llega y, no. Estoy demasiado cansada. Te quiero mucho Julen, pero puedes, puedes con mi paciencia. No sé cómo hacer para que no me afecte tanto, no se cómo hacer para sonreir mientras tú lloras, no se cómo hacer para mantener la calma en uno de tus innumerables berrinches. Lo hacía, lo sabía hacer, me mentalizaba y mantenía la calma… pero ya ha pasado demasiado tiempo, mis buenas intenciones no han valido para nada. He hecho lo que está en mi mano para que esto cambie pero no ha sido posible. Y estoy a punto todos los días de tirar la toalla. Cada día rezando que el nuevo día sea distinto, que se produzca un milagro, pero no llega. Estoy moral, mental y físicamente hundida. Y aún así… siento que te quiero por encima de todo. Incomprensible. No sabía lo que era el amor hasta que he descubierto el amor hacia un hijo. El amor de madre es lo más auténtico, lo más grande que puede existir. Tú me lo estás demostrando día a día, me estás enseñando que tengo una capacidad de amor que desconocía. No sabía que se podía querer tanto.

Maite, mamá de Julen
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11 comentarios:

Yoly

Maite, tu carta me trajo recuerdos y con estos lágrimas a mis ojos. Es que tú carta describe en tantas formas a mi chico la única diferencia es que él comenzó con estos comportamientos más temprano que Julen. Y hay tantas cosas que escribes sobre tus sentimientos con las cuales también me identifico. Imagínate que yo hasta queria regresar a trabajar antes de tiempo solo por no estar en la casa con J pues me desesperaba demasiado.

Gracias por compartir tus sentimientos y creo que me has inspirado a contar esa etapa de mi vida que no había contado a muchas personas. Quizas haga un post al respecto.

Abrazos,

Maite

Siento hacerte revivir aquello... Julen fué así desde el segundo mes, decían que eran cólicos, luego que eran los dientes... ya sabes, excusas mil. Siguió así hasta el año y pico. Resultó interminable. Luego la cosa se ha ido suavizando, por supuesto ya no llora mas que cuando tiene rabietas o está insatisfecho, pero si, Julen sigue siendo llorón pero no tan pesado. Se deja tocar, pide contacto, es besucón... Ahora no noto esa distancia que había entre nosotros. Solo a ratos, a días.

En fin. Ya está pasado. Pero no quiero olvidarme de ello, para así saborear más el presente.

Un beso enorme.

La Sonrisa de Arturo

Fuf, se me ponen los pelos de punta. ! Qué duro Maite!!Arturo nunca fue así, nunca ha rechazado el contacto físico. La cosa más "rara" que ha hecho Arturo en relación a un bebé estándar era llorar si le metiamos en un comercio, lloraba como si le matásemos, y en cuanto salíamos a la calle se callaba en seco. Eso es lo más.
En fín, son todos tan distintos...

Sabrina Isabel

Maite!Que fuerzas!Que Madre!!!cuanto Amor!!!Realmente Te Admiro porfundamente!Los momentos dificiles pasan sin darnos cuenta a veces hasta nos olvidamos todo lo que pasamos y no disfrutamos nuestro hoy!Con esto que vos escribiste realmente disfrutas el Hoy con muchas fuerzas,que bueno que lo escribiste en ese momento de tanta angustia!
Gracias por compartirlo,El amor de una Madre no se puede medir!Aunque yo no lo vivi puedo entenderte y por eso viene mi admiración hacia vos!
Que cada día de Julen pueda estar lleno de sonrisas y felicidad!!!

mamiago

Puf, Maite, se percibe tu angustia... Te comprendo, creo; por suerte Iago duerme toda la noche, pero cuando tiene rabietas o no quiere comer o simplemente quiere algo que no le vas a dar, se angustia mucho y te saca de tus casillas... Son momentos que se escapan a nuestro control, que te enloquecen. Espero que todo vaya a mejor y recuerda y hazle saber a tu familia que necesitas ayuda, que las madres de niños así necesitamos ayuda, que nuestra salud peligra... que es muy duro y necesitamos un poco de espacio y tiempo para nosotras, y que necesitamos que nos lo den sin hacernos sentir mal por ello, que es necesario, que todos los días tenemos que sortear las depres, las anemias, el estrés, la fatiga, el mal humor, y alguna enfermedad peor... Que necesitamos tiempo para nosotras, para ser felices y hacer felices a nuestros hijos y a nuestra familia.

Tamara

Hola el principio de la vida de mi Abraham fue asi, los medicos lo de siempre colicos,y luego que ya lo habiamos habituado a los brazos que era culpa nuestra, el no durmio ni una sola noche de un tiron hasta entrar en los 19 meses, nos tenia agotados y yo estaba embarazada de 7 meses del pequeño, creia que me volvia loca, se dormia a las 00:00 de la noche y a la 01:30 se despertaba y podia estar hasta 4 horas despierto y luego se dormia pero un par de horas mas, asi que os entiendo.
Por cierto me gusta mucho tu blogger, te invito a que conozcas el mio, un beso

Maite

Estaba equivocada, yo pensé que TODAS habíamos pasado por lo mismo; me alegra ver que no.
Gracias por los deseos y los consejos.
Tamara, tu blog lo puse en favoritos desde el primer día :)

La Sonrisa de Arturo

Maite, es que, como no me cansaré de decir, se parecen unos a otros como un huevo a una castaña...
Estoy segura que dentro de muy poco no te van a parecer tan lejanos los comportamientos de Arturo en relación a Julen. Verás como a partir de ahora el niño cambia día a día.
Un beso,
Esther

elein

He leido la carta recordando aquellos meses, desde fuera, ya lo se, pero a tu lado. Guapa, sólo decirte que te quiero mucho!! Un besazo muy gordo!!!!!!!!!!!!!!! Otro para Julen!!!

Maite

Elena, si no hubieseis estado a mi lado en aquella época me hubiese vuelto loca de remate.
Os debo hasta mi cordura! jejeje
Un beso cariñote.

Huevos y castañas!

Anónimo

Maite...GRACIAS..asi con mayusculas !!!! hoy descubri tu blog y me veo retratada...cuando ponga en orden todo lo que siento vuelvo a escribirte porque ahora tengo mil pensamientos en mi cabeza....
Que bueno saber que existen..

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