La estimulación magnética transcraneana (EMT) desarrolla la capacidad intelectual.
Investigaciones desarrolladas en el Centro para la Mente, asociado a la Universidad de Sydney, han descubierto que la estimulación magnética transcraneana, una tecnología aplicada para el tratamiento del autismo, mejora la capacidad intelectual de las personas, capacitándolas para comprender arduas teorías científicas y resolver difíciles problemas matemáticos. El trabajo suscita nuevos interrogantes acerca de los límites de la inteligencia humana y, en general, sobre el funcionamiento del cerebro.
La estimulación magnética transcraneana (EMT), una técnica que consiste en estimular magnéticamente zonas profundas del cerebro, puede liberar zonas cerebrales responsables de la actividad inteligente de alto nivel, posibilitando así que personas con limitaciones intelectuales sean capaces de comprender arduas teorías científicas o de adquirir conocimiento complejos.
La EMT actúa sobre los campos electromagnéticos que genera el cerebro y se emplea ordinariamente para el tratamiento de las depresiones. Sin embargo, esta tecnología permite al mismo tiempo aumentar la capacidad intelectual de las personas, según ha revelado el director del Center for The Mind y profesor de la Universidad de Sydney, Allan Snyder, en una entrevista aparecida en The New YorK Times Magazine. El descubrimiento ha revolucionado las investigaciones sobre la exploración funcional del cerebro a través de técnicas electromagnéticas. Los investigadores comenzaron estudiando el comportamiento de pacientes autistas que destacaban por sus talentos intelectuales. Partiendo del hecho de que grandes sabios como Einstein o Newton eran de alguna forma autistas, los investigadores concibieron la hipótesis de que las excepcionales cualidades intelectuales de estos genios se debían no a que poseían un cerebro extraordinario, sino más bien a que padecían un defecto en el funcionamiento cerebral que les impedía mantener relaciones sociales normales.
Genio y función La teoría se basa en que cuando una zona del cerebro no desempeña su función por estar dañada, otra parte del cerebro "destapa" sus habilidades. Por ello, asumiendo que el daño causado a una parte del cerebro, el lóbulo frontal temporal izquierdo, desbloquea la capacidad creativa del resto del órgano, los investigadores australianos experimentaron con voluntarios que se prestaron al bloqueo temporal de las señales cerebrales relacionadas con la atención cotidiana, lo que produjo el efecto de liberar capas más profundas del cerebro capaces de asimilar trabajos intelectuales complejos.
El trabajo se centró sobre voluntarios a los que se medía su capacidad de dibujar, corregir y realizar difíciles operaciones matemáticas. Se aplicó la EMT para acallar transitoriamente la actividad del hemisferio izquierdo del cerebro donde están los centros del habla y de la memoria. El 40 por ciento de ellos adquirió habilidades intelectuales extraordinarias en tan sólo quince minutos.
El trabajo de Snyder suscita nuevos interrogantes acerca de la forma en que entendemos los límites de la inteligencia humana y, en general, el funcionamiento del cerebro. Asimismo, esta investigación suscita reservas en algunos segmentos de la comunidad científica, por considerar que hacen falta más trabajos experimentales para verificar la hipótesis de que el genio, al igual que el autismo, procede de la alteración de algunos circuitos neuronales.
Dudas y promesas La técnica EMT está siendo aplicada desde 1985 como terapia para el tratamiento de algunas enfermedades mentales como la depresión, las obsesiones, la esquizofrenia e incluso el Alzeimer, pero de la misma forma que unos científicos la consideran una terapia prometedora, otros dudan de su eficacia.
La aplicación a zonas específicas del cerebro de una sonda que genera un campo magnético de baja frecuencia, tal como hace la EMT, se ideó originalmente como un sistema para la exploración del sistema nervioso.
Pronto se descubrió que la EMT modificaba la liberación de sustancias químicas específicas del cerebro, como la serotonina o la dopamina en los animales, lo que hizo concebir la idea de aplicarla a enfermedades asociadas a estas sustancias.
Allan Snyder no tardó en pensar que, de la misma forma que la EMT actúa de manera favorable en el cerebro de personas aquejadas de ciertas enfermedades, también sería susceptible de mejorar la capacidad intelectual de las personas.
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El tema me lo sugirió Esther. Gracias!
Un Programa de zooterapia es una metodología psicoeducativa que incluye una técnica de asistencia animal. Puede usarse para el tratamiento de niños con retraso mental o trastornos generalizados del desarrollo. Estos últimos son una serie de trastornos graves que se originan dentro de los primeros 5 años de vida, entre los cuales está incluido el autismo.
El Programa comprende una metodología denominada psicoeducativa con técnica de asistencia animal. La mascota desempeña un papel fundamental en la apertura del niño hacia nuevas actividades, funcionando como un poderoso estímulo.
La zooterapia es, de esta manera, una técnica que se basa en la estimulación para favorecer tanto el diagnóstico correcto como el aprendizaje y la adaptación de estos niños con capacidades diferentes. El estímulo está dado por animales, en su mayoría perros, pero también se ha experimentado con gatos, caballos, delfines, etc.
El animal se siente gratificado con el juego: es su propio estímulo para colaborar en la terapia. La gran utilidad de estos animales en las terapias es que logran lo que muchas veces ni la familia ni los profesionales pueden hacer: romper un tipo de esquema fijo de comportamiento, muy cerrado, que no les sirve para comunicarse con los demás, sino para recluirse en su propio mundo, como en el caso del autismo. De esta manera, el animal logra despertar el interés del niño y relacionarse con él, lo cual significa muchas veces un primer e importantísimo contacto. Roto el esquema, podrá empezar a incorporar otras conductas a través de la escuela y la familia.
Habitualmente se trata de lograr que el animal sirva de nexo entre el niño y su terapeuta. Al comenzar a jugar con una pelota, por ejemplo, un perro logra que el niño incorpore en su esquema al psicólogo que no ha logrado ingresar por otros medios. Por su parte, el animal se siente gratificado con el juego, y es su propio estímulo para colaborar en la terapia.
Problemas y soluciones Los animales adaptan su conducta a las respuestas del niño, y esto sirve al terapeuta a reconocer un patrón, ayudando al diagnóstico. Una de las patologías que puede ser abordada mediante este tipo de terapia es el autismo. Éste es un trastorno generalizado del desarrollo y se caracteriza por problemas en la comunicación social y el contacto con el mundo externo. Actualmente se lo considera una patología de origen genético, y sus síntomas aparecen alrededor del año y medio, cuando empieza el período de socialización. El niño está "encarcelado" por una alteración tanto sensorial como perceptiva, que le impide recibir los estímulos externos. A menudo no dispone del lenguaje para comunicarse. Está aislados y le cuesta mucho adaptarse a cosas nuevas. Son pequeños con conductas estereotipadas y rutinarias, y esas conductas fijas son particulares en cada uno.
Los animales también presentan un esquema fijo de comportamiento, y esto sirve al terapeuta a reconocer el patrón del niño, ayudando al diagnóstico. La conducta del animal se adaptará a la respuesta del niño, y no será la misma para un pequeño con un trastorno severo, que lo hace rechazar el contacto, que con otro con retraso mental que disfruta del contacto corporal.
Herramientas La interacción del animal con el niño permite a los terapeutas diferentes recursos, de los cuales no disponen cuando no existe ese estímulo. Al filmar la sesión terapéutica, de la cual se participa como observador, se tendrá un material de estudio muy valioso. Se podrá reproducir la secuencia y volver a observar, seleccionando un tramo y analizando la interacción. Esto permitirá estudiar los movimientos cuadro por cuadro y llegar a la llave que abrirá la puerta de futuros estímulos. De esta manera, un diagnóstico que antes demandaba dos meses, podrá resolverse en un solo encuentro con la asistencia del animal. Éste seguirá participando durante el resto de las sesiones del tratamiento, y actuará como un estímulo terapéutico.
La mayoría de los terapeutas que usan animales prefieren los perros por una serie de ventajas. Necesitan poco espacio para moverse, son inteligentes y muestran afecto, les gusta jugar y buscan la compañía humana. Se los puede educar fácilmente, pero no deben perder la naturalidad dentro de su esquema de comportamiento.
Al comenzar a jugar con una pelota, por ejemplo, un perro logra que el niño incorpore en su esquema al psicólogo. En general, un tratamiento se extiende entre seis meses y un año. Luego de ese tiempo, los controles pueden extenderse hasta una vez por mes, pero el tratamiento no se da por concluido. Al llegar a la adolescencia, estos niños experimentarán cambios y habrá que reajustar ya sea la terapia educativa, la medicación, o ambas.
Un programa psicoeducativo también incluye a los padres, con quienes se trabaja sobre cómo van a estimular al niño en el hogar. En algunos casos necesitan terapéutica familiar, que se les proporciona paralelamente.
Este artículo se realizó en base a la experiencia de dos Licenciados en Psicología: Amelia Lorena, especializada en trastornos del desarrollo, y José Pose, especializado en familia y drogodependencia. Ellos desarrollaron este tipo de trabajo durante una década en el Hospital General de Niños "Pedro de Elizalde" de Buenos Aires, Argentina.
(National Autism Association) .
En este y otros foros he leído mucho sobre la técnica de Floortime (Tiempo de Suelo), también conocida como "Terapia de juego" la cual está enfocada a cerrar círculos de comunicación. Esta técnica que fué desarrollada en 1990 por Greenspan (creo que así se escribe) puede ser de beneficio en algunos aspectos pero a la vez puede tener doble filo si no se cuida su aplicación.
En lo personal, no siempre la recomiendo a menos que esté seguro de la forma en que los padres trabajarán con el niño y principalmente, que no esté afectando las terapias de ABA. Las apreciaciones que a continuación presento son mías y son bastante subjetivas por lo que deben tomarse de esa manera:
ESTEREOPÍAS Y AUTOESTIMULACIONES: Al aplicar floortime se aconseja inicialmente "imitar" esas conductas tratando de convertirlas en juego. Esto puede implicar un riesgo de que dichas conductas se vean reforzadas y se incrementen. "Dejarlo ser" puede resultar muy bonito y hasta poético, sin embargo un niño que corre dando vueltas por el salón difícilmente será aceptado en la escuela.
AVANCES DEL NIÑO: He leído sobre algunos estudios donde se demuestra la eficacia de este método y a mi parecer, son todos a muy largo plazo por lo que podría considerarlo siempre y cuando esté como algo secundario o alternativo a una terapia conductual o cognitivo-conductual.
COMUNICACIÓN: Aunque fomenta la comunicación, no necesariamente podrá darse si el niño tiene una disfasia severa o si atención está demasiado dispersa. Existen formas de lograr la comunicación en tiempos relativamente mas rápidos.
OBEDECER ÓRDENES: Tal vez suena frío, pero todos los niños regulares reciben órdenes y las siguen. Si queremos integrar a un niño con autismo, éste no debe ser la excepción y en floortime el niño es quien decide finalmente, no el terapeuta. Un niño que no obedece no será aceptado en ninguna escuela, aún en aquellas de educación especial.
IMITACIÓN: Es cierto que se logra incentivar al niño a imitar, sin embargo ésta se dará solo cuando el niño lo desee (nuevamente, obedecer órdenes). Para poder enseñar a un niño a hablar y el autocuidado, es necesario que dicho niño imite cuando yo se lo pida, no cuando él lo desee.
APLICACIÓN: Por su forma relativamente fácil de aprender, pagar a un terapeuta para que lo aplique se me hace un gasto inecesario toda vez que se les puede enseñar a los padres. Además, para que este método sea efectivo debe aplicarse varias veces durante el día todos los días y no en una simple sesión de una hora.
SOCIALIZACIÓN: En esto sí creo que pueda ayudar mucho porque obliga la interacción social cuando el niño tiene la capacidad de enfocar su atención. Nuevamente, siento que para tener resultados con este método es necesario combinarlo con otras terapias como ABA.
A mi punto de vista, el floortime es una especie de "adentrarse en su mundo" y se adapta al niño casi completamente cuando la realidad es que el niño debe adaptarse al entorno. La escuela no se adaptará al niño, el niño debe adaptarse a la escuela.
El floortime es una actividad alterna que los padres pueden desarrollar en casa bajo la supervisión y tutela del terapeuta para evitar así caer en contradicciones con la terapia, fijando límites y aplicando las correcciones cuando sea necesario (aleteo de manos, balbuceos, etc.).
A veces siento que este método resulta popular por la falsa creencia de que nuestros niños "están en su mundo" (así nos lo enseñan en las películas por ser lo que vende en taquilla). Mas que una terapia, lo veo como una oportunidad de los padres para convivir con sus hijos y gozarlos. Si se aplica bajo ese criterio estableciendo siempre los límites adecuados, me parece bien.
Siempre habrá que tener en mente que la aplicación es un extra y si en algo contrapuntea con la terapia primaria o principal, esta última es la que define, es decir, se deben mantener los lineamientos establecidos por el terapeuta conductual.
Repito que esto es una apreciación completamente mía y es por lo tanto bastante subjetiva. Puede haber opiniones diferentes, las cuales serán igualmente respetables y válidas.
(Fco. Javier Garza Fernández papá de Javiercito, autista severo) http://members3.boardhost.com/AUTISMO/msg/1190074701.html .
“Soy todo oídos”, dicen algunos cuando quieren dar fe de que toda su atención, sin distracciones, está dedicada a un sujeto o a un tema. Y cuando se trata del funcionamiento de nuestro oído fisiológico, existen estudios que comprueban que lo que escuchamos afecta, de modo irrefutable, no sólo cómo procesamos las ideas, sino cómo interactuamos con el mundo exterior.
Oír sin escuchar De acuerdo con los estudiosos, algunos individuos, como aquellos que padecen de autismo, actúan como si estuvieran sordos, aunque sus órganos auditivos estén en perfectas condiciones. Por ejemplo, raras veces responden a su nombre, balbucean ininteligiblemente o hablan de manera robótica -monotónica y sin inflexiones- y se sobresaltan con ciertos sonidos, como el timbre de un teléfono o el ladrido de un perro. De otra parte, son capaces de oír música a un volumen tan alto que a otros les daría dolor de cabeza.
Y aunque para muchos, dicho comportamiento pueda resultar incomprensible y perturbador, como bien lo explicara Nellie Torres de Carella, patóloga del habla y directora del Centro Tomatis de Puerto Rico, “oír y escuchar son dos cosas bien diferentes. Cuando escuchamos, lo hacemos con todo nuestro cuerpo. Oír es bien pasivo; escuchar es bien dinámico, pues implica que nuestra voluntad está envuelta en ello. Así que, aunque es un acto fisiológico, también es un acto intencional”.
Quienes exhiben deficiencias en el manejo de los sonidos también suelen tener dificultad para extraer los sonidos importantes (información específica) de los ambientales. Por eso, por ejemplo, hay niños que no pueden procesar o asimilar la voz de sus mamás dándoles instrucciones, mientras el televisor está encendido y la aspiradora está funcionando.
Un gran descubrimiento Pero no sólo los autistas presentan dificultades para procesar los sonidos. Pacientes de síndrome de Down, niños y adultos con problemas de aprendizaje, problemas del habla y el lenguaje, y déficit de atención -con o sin hiperactividad-, entre otros, exhiben comportamientos que reflejan dificultad para escuchar bien. Esto se sabe gracias a los descubrimientos de un otorrinolaringólogo -especialista en oídos, nariz y garganta- francés, el Dr. Alfred Tomatis.
El desarrollador de una ciencia que hoy llamamos Audiosicofonología (APP, por sus siglas en inglés), y del método Tomatis, fue quien descubrió que la incapacidad para escuchar bien es la raíz de muchos problemas de aprendizaje. Y su teoría sostiene que si “filtramos” los sonidos importantes de lo que es el “ruido ambiental”, podremos captar mejor las ideas y comprender mejor los conceptos.
La inspiración de Tomatis Según relatara Torres de Carella, el padre del Dr. Tomatis era cantante de ópera y como su hijo era otorrinolaringólogo, solicitó su ayuda para tratar a sopranos que ya no podían emitir las notas más altas que su carrera requería. Durante sus exámenes, Tomatis descubrió que la razón por la cual las cantantes ya no podían reproducir esas notas altas era porque habían dejado de escucharlas. De ahí surge la idea de construir un equipo que se encargara de filtrar las notas de una melodía para que sólo se escucharan las notas altas.
El oído electrónico Para lograr su propósito, el galeno inventó un aparato que llamó “el oído electrónico”, una máquina que permite que las personas ejerciten sus funciones de procesamiento sensorial porque filtra los sonidos de modo que se puedan percibir sin distorsión ni contaminación.
Y, en efecto, en cuanto las cantantes utilizaron el oído electrónico para poder escuchar las notas altas, volvieron a reproducirlas. Así fue como el galeno comprobó que, ciertamente, una persona sólo puede reproducir lo que puede escuchar. Si deja de escuchar un sonido, dejará, consecuentemente, de reproducirlo.
Según también informara Torres de Carella, los estudios posteriores del médico francés lo llevaron a descubrir que su sistema de entrenamiento auditivo también podía ayudar a “restaurar o a desarrollar las habilidades del oído para escuchar eficazmente, organizar (los pensamientos) y balancear nuestra conducta”. Más aún, Tomatis concluyó que habilidades que, a menudo, tomamos por sentado, “como la atención, la motivación, el autocontrol, la lectura, la escritura, el habla y el desarrollo de relaciones (interpersonales), entre otras, están directamente relacionadas con la capacidad para escuchar bien y procesar lo que se escucha”.
La conclusión de Tomatis fue que, dependiendo del área de comportamiento o desempeño que se quisiera mejorar en un individuo -reacciones motoras, destrezas de comunicación o expresión y manejo de las emociones-, se debían emplear terapias de sonido enfocadas en diferentes frecuencias de ondas hertzianas (ondas electromagnéticas). Dichas frecuencias pueden ir desde las más graves (125 a 700 hertz) y las intermedias (1,000 a 3,000 hertz), hasta las más agudas (3,000 a 9,000 hertz).
Cómo funciona La manera en que el oído electrónico Tomatis logra restablecer el balance auditivo es filtrando los sonidos. Es decir, mecánicamente separando diferentes frecuencias de sonido. Nellie Torres de Carella lo describió como “un coro que tú escuchas primero con todas las voces: sopranos, barítonos, tenores, bajos, etc. Filtrar el sonido sería el equivalente de que todos se callaran, excepto las sopranos, por ejemplo, para que pudiéramos escuchar sus voces sin ningún tipo de contaminación”.
Y el sonido que Tomatis -al igual que todos los estudiosos que posteriormente siguieron sus pasos- escogió para este tipo de terapia fue la música de Wolfgang Amadeus Mozart.
¿Por qué Mozart? Alfred Tomatis descubrió que la música de Mozart poseía unos patrones de ritmo y frecuencias muy particulares. “Son patrones y frecuencias que se repiten”, explicó Torres de Carella, “y al cerebro le gustan las secuencias repetitivas y organizadas para funcionar”.
De hecho, la frecuencias de la música que Mozart compuso para violines y flautas están consideradas entre las más altas -de 125 a 9,000 hertz-, lo que las hace ideales para este tipo de terapia auditiva que busca estimular partes específicas del cerebro.
El oído y el cuerpo Continuó explicando Torres de Carella que las distintas partes del oído tienen que ver con el funcionamiento de nuestro cuerpo. Y cuando se trata del método Tomatis, las partes que se ejercitan con la terapia auditiva son las del oído medio y el interno. Éstas se dividen en dos áreas: la cóclea, que es el órgano final de la audición y que tiene forma de caracol, y el vestíbulo que posee unos canales semicirculares.
“Según lo descubriera la Dra. A. Jean Ayres, contemporánea con Tomatis, el sistema vestibular tiene que ver con el balance, el equilibrio, el tono muscular del cuerpo y el seguimiento visual. Por ejemplo, el movimiento de los ojos siguiendo las letras en un papel, de izquierda a derecha, está controlado desde el oído por el sistema vestibular. De igual forma, a la hora de escribir, nuestra capacidad manual para agarrar el lápiz, eso quien lo controla es también el sistema vestibular”.
Más aún, señaló, también la patóloga del habla, que “igual que tenemos una mano, un pie o un ojo dominando, tenemos un oído dominante, el derecho. Esto es así porque el procesamiento de la información va directamente del oído derecho al hemisferio cerebral izquierdo, que es donde se encuentran las áreas del lenguaje y donde se procesan los mensajes. Con el oído electrónico Tomatis, se fortalece el oído derecho para mejorar el procesamiento auditivo”.
El método Tomatis en Puerto Rico El Centro Tomatis que dirige Nellie Torres de Carella es el primero en la Isla en ofrecer este innovador programa, que busca mejorar la capacidad de comprensión y de aprendizaje, las facultades de comunicación y la habilidad para relacionarse con otras personas.
Otros beneficios del método Tomatis son: - mejora destrezas de lenguaje y habla - mejora destrezas para la lectura y la escritura - mejora la atención y la concentración - mejora destrezas de autocontrol
Pero estos logros requieren de compromiso y paciencia, sobre todo, por parte de los padres de niños con discapacidades como autismo, síndrome de Down, entre otros, así como de adultos con desorden de ansiedad y estrés, problemas de atención y procesamiento auditivo.
El programa consiste en tres fases básicas de dos horas diarias: la primera dura 15 días, la segunda y la tercera duran ocho días cada una. Entre cada fase se provee un descanso de tres a seis semanas para proporcionarle al cerebro el tiempo necesario para integrar toda la información obtenida mediante la estimulación auditiva.
A medida que el individuo va progresando, se le administra una serie de sesiones de refuerzo, las cuales se imparten cada tres a cuatro meses, durante el primer año. De este modo se continúan estimulando las áreas mejoradas y se busca “despertar” las que aún no hayan demostrado señales de progreso.
No es una cura, sino una gran herramienta Es de suma importancia comprender que el método Tomatis no es una cura para el autismo ni para el síndrome de Down; es una herramienta clave para estimular el cerebro. Es, como indicó Nellie Torres de Carella, “el sonido de la esperanza porque llega a áreas que las terapias tradicionales no pueden llegar, trabajando con la causa y no con el síntoma, acortando, así, los años interminables que pasan los niños recibiendo variedad de tratamientos”.
Nellie Torres de Carella es patóloga del habla y miembro de la Asociación Internacional de consultores de Tomatis, con sede en Luxemburgo. El Centro Tomatis de Puerto Rico está ubicado en la Urb. La Riviera, calle 54 S-E, #1273, en San Juan. Teléfonos 787-774-1163 y 787-774-1164.
La Terapia Tomatis, un milagro en nuestra vida EJ, nuestro adorado hijo, es evidencia cada día que pasa de la efectividad de la Terapia Tomatis. Al igual que muchos niños con Autismo que han tomado esta terapia intensiva, a EJ también le funcionó. En agosto mi hijo sólo hablaba palabras sueltas, no conversaba, no me miraba, le tenía terror a las personas (adultos y niños), tenía hiperacustia, se agredía y me agredía con cabezazos. Todos los especialistas que visitamos nos dijeron que tenía autismo. Asi que me dí a la tarea de buscar en la internet qué podía hacer con mi hijo para ayudarlo. Comenzó con la Terapia de Habla y la Dieta libre de Glutén y Caseína en agosto del 2005. En octubre dimos un salto a Tomatis porque nos hacía sentido lo que nos decían. El problema principal de mi hijo era el procesamiento sensorial a nivel cerebral ya que en todas la pruebas de laboratorio, neurológicas, auditivas y metabólicas salía bien.
Comenzamos la Terapia Tomatis y después de los primeros días el nene comenzó un esfuerzo extraordinario por comunicarse hablando. Para la primera semana mi hijo comenzó a hablarme en frases. Hoy en enero del 2006, a tan sólo 3 meses de la Terapia Tomatis, si usted ve a mi hijo jamás imaginará que es autista. Comparte con otros niños y hace preguntas sobre todo lo que le rodea, saluda a los adultos, no hace rabietas y habla hasta por los codos, como un niño de su edad, 3 años, en oraciones completas, con sentido y propósito. Los que lo conocen dicen que hasta la expresión facial le ha cambiado, es el rostro de un niño feliz.
La Terapia Tomatis es ofrecida en Puerto Rico por la Dra. Nelly Torres y su excelente equipo de Terapeutas en Río Piedras. Allí acuden padres provenientes de toda la Isla. Además de niños con autismo esta terapia es utilizada para niños con dislexia, Déficit de Atención, Hiperactividad y Síndrome de Down entre otras condiciones. El teléfono a llamar es el (787) 774-1164 y el fax es el (787) 774-1167.
http://frentealautismo.blogsome.com/category/terapia-tomatis/ .
Las demostraciones de afecto son de vital importancia para lograr el mejor desarrollo de los niños afectados por autismo.
Una de las nuevas terapias que han demostrado ayudar a romper la coraza de estos chicos es la Abrazoterapia. Cuando Juan era pequeño ni siquiera se hablaba de ella, pero el psicólogo que lo atendía sugirió a la madre inducir una regresión en el chico cuando Juan ya tenía seis o siete años y se alimentaba con vaso y cucharas, al momento cuando todavía tomaba biberón y acunarlo como si fuera bebé. El especialista pidió a la madre que se bañara con él y que lo colocara sobre ella en la tina, para que el chico tuviera contacto piel a piel, las primeras sesiones no fueron fáciles. Juan gritaba, pataleaba y se resistía a permanecer en los brazos de la madre, pero poco a poco fue rompiendo su resistencia, hasta que permitió cada vez más el contacto físico.
"Esta terapia se realiza hoy de manera más organizada", señala Margarita Guerra Paredes de Desarrollo Psicológico Integral quien aprendió al lado de Enrique Sarabia un psicólogo que se ha especializado en tratar el autismo. "Es una terapia muy fuerte, pero que reporta excelentes resultados. Se pide a la madre que abrace al niño, aun contra su voluntad, y le hable lo más tranquila que pueda".
Quienes han tenido o tienen un autista en casa saben lo difícil que es esto: los chicos chillan, patalean y rechazan el contacto físico y la madre debe mantener la calma. Es una manera de unir lazos entre ambos, y la mamá tiene que abrazar al niño por espacio de 20 a treinta minutos sin soltarlo. Es importante que sea la madre para que el niño empiece a entender quién es su mamá, y que esta no ceda hasta que el pequeño deja de llorar y se tranquilice.
La mamá tiene que estar con toda la disposición, y hablar tranquilamente con el niño aunque esté alterado, "las madres cargan muchos sentimientos de culpa, con razón o sin ella", dice la especialista, y cuando la madre pide perdón al niño, por el daño que pudo causarle, ella se siente mejor, y empieza a hacer cosas, ya no para enmendar su culpa, sino para restaurar la relación.
Es vital que la madre esté en perfectas condiciones afectivas y psicológicas, porque es difícil abrazar a alguien que te está rechazando. La primera vez "apoyé a la madre de unos gemelos, ambos autistas; la madre abrazaba primero a uno y luego al otro, fue un entrenamiento de una semana, luego ellos regresaron a su lugar de origen a seguir trabajando lo aprendido".
Al principio debe ser la madre la que brinde esta terapia de abrazos y cuando ha logrado que el niño acepte el contacto sin rechazo, hay que incorporar al padre, primero junto con la madre y después en sesiones de quince minutos cada uno. Cuando este contacto se ha establecido se incorporan los hermanos o la familia más cercana del autista. Este proceso puede llevar meses y es necesario que la madre se prepare psicológicamente y sea ella misma quien escoja el momento del día en que está más dispuesta.
No se debe realizar ninguna otra tarea, y ahí la función del padre es importante para que si tienen otros hijos los distraiga mientras la madre está con el chiquito. Es conveniente acunarlo, cantarle estribillos infantiles, hablarle suave y cariñosamente, que el niño se sienta amado y aceptado. Finalmente, y de acuerdo a información de la Academia Americana de Neurología, es importante estar atentos a los síntomas descritos anteriormente, pues a una detección más pronta del problema, se pueden lograr más y mejores avances para el tratamiento del niño autista.
Alicia Yolanda Reyes .
Psiquiatras y neurólogos aplican la composición sinfónica para tratar demencia, autismo o anorexia. Los especialistas aseguran que el sonido musical llega a áreas del cerebro inalcanzables al lenguaje. La música se ha convertido en un instrumento curativo para un creciente número de enfermedades o trastornos cerebrales graves que son poco accesibles a terapias más convencionales. Las sonatas de Mozart –un reconocido equilibrante neurofisiológico– forman parte del tratamiento de niños con parálisis cerebral o autismo; las canciones tradicionales se emplean para estimular la memoria en enfermos de Alzheimer y el canto gregoriano ya suena con normalidad en las consultas de psiquiatras, neonatólogos, cardiólogos o educadores carcelarios.
El recurso de la música como elemento terapéutico no entra en los estudios de ninguna carrera universitaria en España, aunque sí se desarrolla en cursos de posgrado. No obstante, la influencia del resto de Europa y EEUU, donde sí se imparte, y la experiencia de una multitud de centros que aplican la composición sinfónica para tratar trastornos neurológicos, alteraciones del desarrollo o incluso anorexia e hiperactividad, han consolidado la capacidad curativa de la música en Cataluña.
“El sonido musical llega a rincones del cerebro que no alcanza el lenguaje, toca emociones inabordables de otra forma –afirma el doctor Antoni Bulbena, psiquiatra del Hospital del Mar y concertista de guitarra clásica–. Un estudio publicado por la revista Nature demostró que la sonata 448 de Mozart modifica la respuesta de un enfermo en coma y puede normalizar una crisis epiléptica. Lo llaman el efecto Mozart".
Canciones personales La psicóloga Melissa Mercadal estudió musicoterapia en EEUU y ahora la aplica a personas con demencia o trastornos de la alimentación en el Hospital de Vilanova i la Geltrú y en centros terapéuticos de Barcelona. En sus sesiones no utiliza música compuesta para la terapia, sino las canciones que han sido un punto de referencia importante en la vida del enfermo.
“Lo aprendido en la primera época de la vida es lo último que se olvida y eso incluye a la música –explica Mercadal–. Las canciones fundamentales para una persona siempre le tocan emociones muy fuertes, que se guardan almacenadas en el cerebro. Recuperándolas, es posible desbloquear las emociones que subyacen a las enfermedades".
Con los afectados por demencias, Mercadal se propone que no olviden su vocabulario íntimo. Canciones como Allá en el Rancho Grande, Mi bella Lola o Les nenes maques son el recurso con el que les refresca el nombre de las prendas de vestir o el de los oficios: “Sabemos, por estudios científicos, que la música tiene efectos fisiológicos y cognitivos. Yo trato de comprobarlo con los enfermos. Todo mi trabajo forma parte de investigaciones aplicadas".
En los centros Tomatis de Barcelona, creados por el médico francés Alfred Tomatis hace 40 años, la música es el vehículo con el que se busca recuperar retrasos sensoriales y neurofisiológicos en los niños. También aquí, la extensa y vitalista composición de Mozart es la que, aseguran, da mejores resultados. “La música de Mozart es capaz de restablecer en el ser humano la armonía perdida –explican–. Es una composición que se acompasa con los ritmos fisiológicos y neurovegetativos de un niño".
Contacto de autistas El doctor José Antonio Muñoz, neuropediatra del Hospital del Mar, admite la validez de la musica como estímulo y ayuda, pero niega que tenga capacidad curativa. Sí la considera muy eficaz para niños con síndrome de Down, y, muy especialmente, al tratar a autistas inteligentes, afectados por el síndrome de Savant. “Esos niños (un 10% de los autistas) tienen alterado el hemisferio cerebral izquierdo, y la música les permite desarrollar el derecho, que se ocupa de la creatividad y la intuición", dice.
Escuchando un concierto, y sin haber estudiado nada de música, un autista inteligente de 5 años puede reproducir la composición sin saltarse una nota. “La música les organiza el área cerebral que les permite relacionarse socialmente –añade–. Esos niños te pueden decir, casi sin pensar, cuántos segundos tiene la vida de un hombre de 85 años, o en que día de la semana caerá el 4 de marzo del 2070. La música y la pintura son su contacto con el exterior".
http://mara.blog.zm.nu/2007/03/02/mozart-como-estimulo-y-ayuda/
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