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A mediados de la década de 1980, un equipo de investigadores del autismo llegó a la conclusión de que una de las principales características de este trastorno es la incapacidad para deducir los pensamientos de otras personas. Esta habilidad, conocida como teoría de la mente, es algo natural en la mayoría de la gente; constantemente procuramos inferir los estados mentales de otras personas y tratamos de determinar lo que saben, lo que quieren y por qué están felices, tristes, enojadas o asustadas.

Aunque hay muchas evidencias puntuales de que esta habilidad se ve afectada en las personas autistas, ha sido difícil demostrarlo experimentalmente en los adultos. Ahora, un estudio hecho por el equipo de Liane Young del MIT revela que los adultos con autismo, incluso aquellos que tienen muy desarrolladas otras facultades mentales, parecen tener problemas para usar la teoría de la mente al hacer juicios morales en ciertas situaciones.

En concreto, los investigadores han constatado que los adultos autistas son más propensos que los no autistas a culpar a alguien que causa daño sin querer a otra persona. Esto demuestra que sus juicios se basan más en los resultados de los incidentes que en la comprensión de las intenciones de la persona.

La mayoría de los niños desarrolla la capacidad para la teoría de la mente alrededor de los 4 ó 5 años, en tanto que, según han demostrado estudios anteriores, los niños autistas desarrollan esta habilidad más tarde que los no autistas, si es que la desarrollan, dependiendo del grado de autismo que padezcan.

Los resultados del nuevo estudio, combinados con los de investigaciones acerca de personas con alteraciones cerebrales que les impiden reaccionar emocionalmente a las malas intenciones de una persona si el resultado final de los actos de ésta no resulta dañino por una mera circunstancia fortuita, podrían ayudar a los neurocientíficos a hacerse una idea más completa de cómo el cerebro construye la moral.

Estudios anteriores realizados por Rebecca Saxe del MIT han demostrado que la teoría de la mente parece asentarse en una región del cerebro conocida como unión temporoparietal derecha. Ahora, se está investigando si los pacientes con autismo tienen una actividad irregular en dicha región cerebral cuando desempeñan las tareas necesarias para hacer juicios morales.

Visto en Aspau . Fuente: NCYT

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Estudian en Málaga un tratamiento para el Síndrome X Frágil

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Esta patología es la causa más frecuente de discapacidad intelectual hereditaria que afecta al desarrollo infantil.

EFE Investigadores han iniciado un ensayo clínico a nivel nacional con pacientes afectados por el Síndrome X Frágil, patología considerada enfermedad rara por su baja prevalencia y la causa más frecuente de discapacidad intelectual hereditaria que afecta al desarrollo infantil.

El objetivo del estudio es demostrar si determinados compuestos que protegen las células nerviosas podrían usarse como tratamiento específico para personas con este síndrome, ha informado hoy la Junta de Andalucía en un comunicado.

Desde noviembre treinta pacientes con esta patología han participado en un tratamiento basado en la toma vía oral de neuroprotectores antioxidantes, compuestos que protegen las células nerviosas.

La investigación está desarrollada por el Hospital Regional de Málaga, gestionada por la Fundación IMABIS (Instituto Mediterráneo para el Avance de la Biotecnología y la Investigación Sanitaria).

Está financiada por el Ministerio de Sanidad y las consejerías de Salud y Economía, Innovación y Ciencia de la Junta vez sea aprobada por la Agencia Española del Medicamento y en su desarrollo colaboran entidades públicas y privadas de Sevilla, Valladolid, Barcelona, Madrid y Málaga.

El Síndrome X frágil afecta a uno de cada 2.500 varones y a una de cada 4.000 mujeres y alrededor de 2.000 familias andaluzas tienen una o varias personas con esta patología aunque sólo el 25 por ciento están diagnosticadas, recoge el comunicado.

La primera característica que puede alertar de un posible caso de esta enfermedad en la infancia es el retraso en el lenguaje, problemas de comportamiento como la hiperactividad y la ansiedad, así como síntomas autistas y antecedentes de discapacidad intelectual en la familia.

Otros síntomas de esta patología, que carece de un tratamiento específico que normalice el desarrollo cognitivo en las personas afectadas, se reflejan en ciertos rasgos faciales que se manifiestan a partir de los 6 u 8 años, como cara alargada, con orejas prominentes y unos testículos grandes.

Los últimos resultados de este ensayo han sido objeto de una patente y se basan en el control con antioxidantes de la producción de radicales libres o moléculas que alteran la membrana de la célula en el cerebro de ratones afectados, en los que ha mejorado su comportamiento y capacidad de aprendizaje.

Fuente: Laopiniondemalaga.es visto en Aspau.

APUNTE: haciéndome eco de las palabras de Eva, del blog En mi familia hay autismo y mucho más, se comenzaría a aplicar con niños con autismo pues la base genética se considera cercana. No es una cura sino la atenunación de algunos síntomas que favorecerían su comunicación. La finalidad será conseguir que los neurotransmisores funcionen de una manera que se reduzca el nivel de estres y ansiedad de los pacientes ante situaciones que les producen miedo por ser diferentes. Por consecuencia, al mejorar ese nivel de ansiedad, se conseguiría mejorar el aprendizaje y la comunicación.

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Los niños con autismo presentan problemas específicos de memoria

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Las diferencias en la memoria de trabajo espacial y las memorias visual y verbal compleja, pueden contribuir a los problemas de interacción social y de procesamiento de información. Así lo indica un artículo publicado recientemente por la American Psychological Association.

Si a los niños con autismo las ramas no les dejan ver el bosque, puede deberse, en parte, a que la carga que puede suponer procesar todos los árboles del bosque a la vez, dificulta centrarse en la escena completa. Ésta es una de las conclusiones que se refleja en una investigación presentada en el último número de la revista Neuropsychology, publicada por la American Psychological Association (APA).

Un grupo de investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Pittsburgh y del Sistema de Salud de Pittsburg, ha encontrado que los niños con autismo difieren de los demás niños en dos capacidades específicas de memoria.

La investigación se llevó a cabo con 76 niños de edades comprendidas entre los 8 y los 16 años. La mitad eran sujetos verbales con autismo, y la otra mitad sujetos normales que se utilizaron como muestra control tras ser emparejados en edad, nivel intelectual y sexo. El diagnóstico de autismo incluía dificultades sociales y de comunicación de tipo autista, junto con intereses y patrones de comportamiento restringidos.

Lo que se observó, en primer lugar, fue que los niños con autismo, comparados con los controles, presentaban una memoria más pobre para la información compleja (ya se tratase de una agrupación de elementos individuales o de un solo elemento, pero complejo) tanto si se presentaba en forma de palabra como de imagen. Los niños con autismo encontraban difícil recordar información si necesitaban de una estrategia cognitiva de organización que ayudase al recuerdo, así como si tenían que detectar ese elemento organizativo dentro la propia información.

Los autores especulan que es posible que "los autistas no presenten el intercambio cruzado de información entre sistemas del cerebro-sistemas de memoria y razonamiento- que indica al cerebro cuál es la información importante en la que debe centrarse o cómo organizarla temáticamente".

En segundo lugar, se constató que los niños con autismo mostraban, así mismo, una pobre memoria de trabajo para la información espacial, igual que para recordar con el paso del tiempo en dónde estaba colocado algún objeto una vez que lo perdía de vista. Aunque la memoria de trabajo para la información verbal estaba intacta, un test de recuerdo de secuencias espaciales, distinguía sin dificultad entre niños con y sin autismo. La memoria de trabajo espacial depende de una región específica del córtex frontal que se sabe es disfuncional en el autismo.

Al margen de estas dos dificultades, los niños con autismo no mostraron problemas globales de memoria. Presentaban buena capacidad de aprendizaje asociativo, buena memoria de trabajo y buena memoria de reconocimiento. Dado que se observó que sus memorias diferían sólo en aspectos específicos, piensan que la memoria en el autismo parece estar organizada de manera diferente a como lo está en los individuos normales, lo que estaría reflejando diferencias en el desarrollo de las conexiones del cerebro con el córtex frontal.

Explican algunos de los autores de la investigación, que si el cerebro no identifica y almacena desde el comienzo automáticamente la información clave, se dificulta seriamente la capacidad de interactuar, comunicarse y resolver problemas. Los niños con autismo pueden sentirse desbordados fácilmente por la información compleja que se presenta en las experiencias cotidianas.

Los problemas de memoria señalados pueden afectar al comportamiento. Los sujetos normales automáticamente identifican y centran la atención en los aspectos de la información que son importantes. Sin embargo, las personas con autismo centran la atención en los detalles, lo que puede hacer que no recuerden o que no respondan ante la información que la mayoría de la gente considera relevante.

Fuente: Infocoponline, visto en Aspau

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Las intervenciones tempranas en socialización mejoran los síntomas del autismo a largo plazo

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La intervención precoz encaminada a enseñar a los niños pequeños con autismo a mejorar la reciprocidad social con otros niños puede mejorar los síntomas cardinales de este trastorno, según se recogen el último número del Journal of Child Psychology and Psychiatry.

La intervención evaluada incluía actividades diseñadas específicamente para animar a los niños a iniciar la comunicación con otros, terapia por el juego con la utilización juguetes y técnicas orientadas a la mejora de la comunicación verbal y desarrollo cognitivo.

Como sabemos, son los déficits en la comunicación y en socialización los síntomas determinantes en el pronóstico de los trastornos generalizados del desarrollo. Precisamente los autores de la investigación, la Dra Landa y sus colaboradores, centran su investigación/actuación en la búsqueda de intervenciones que mejoren específicamente estos déficits.

Esta investigación ha sido la primera que se ha realizado siguiendo una metodología experimental: “Hemos estudiado niños con alto riesgo frente al autismo debido a que tenían un hermano mayor con autismo. Los hemos seguido desde la primera infancia hasta la edad escolar. Es observando a esto niños como se manifestaba ante mis ojos, antes que lo vieran los demás. Este hecho produjo en mi una enorme responsabilidad, dedicando mi vida a esta actividad”, dice la Dra Landa.

Enseñar la capacidad de imitación

En el estudio participaron 50 niños desde la edad de 21 a 33 meses. Se asignaron aleatoriamente al tratamiento 1 o 2 durante seis meses (con sincronía interpersonal o sin sincronía interpersonal).

En intervenciones se emplearon 10 horas por semana con actividades en el aula conducidas por un monitor entrenado para cada intervención, existía la misma proporción de estudiante/profesor. Igualmente, se incluyó una serie de tareas para la casa que implicaban a los padres en cada una de ellas y que recibieron 38 horas de entrenamiento en educación especial y 1.5 horas en tareas de intervención en casa.

Además, para la intervención con sincronía interpersonal se proporcionó un plan de estudio especializado complementario dirigido hacia la capacidad de imitación social comprometida, la atención y la afectividad.

Según la Dra Landa, " Sincronía interpersonal se refiere a la situación en la que el paciente presenta un contacto social bueno y la capacidad de entender la conducta social de otras personas."

" El componente suplementario del programa se enfocó hacia la rehabilitación de los déficits principales del autismo, es decir, el incremento de la imitación social contingente, la teoría de la mente, la respuesta apropiada en clase, incremento de su capacidad para interpretar las señales de atención de las personas, con la idea de que pudieran expresar lo que ellos pensaban, asó como compartir la atención con otros compañeros".

Persistencia del efecto

Ambos grupos experimentaron una mejoría en el desarrollo del lenguaje, tal como se esperaba. Sin embargo, el grupo que recibió una intervención especial en socialización experimentó una mejoría mayor en los aspctos sociales del desarrollo.

Las conductas de imitación apareadas con el contacto ocular se duplicaron – pasó del 17% al 42% en el grupo con sincronía interpersonal. Igualmente, los niños que recibieron el tratamiento más intensivo fueron capaces de utilizar nuevas habilidades de imitación en contextos no familiares, persistiendo esta mejoría a los seis meses de seguimiento postratamiento.
Entre el final de tratamiento y la visita de control, los niños que estaban en la condición de sincronía interpersonal mantuvieron los beneficios que consiguieron durante el desarrollo del tratamiento “social”, lo que se interpretó como una eficacia duradera en el tiempo.

" En los niños que no recibieron la intervención especializada en socialización se observó que los beneficios obtenidos durante el tratamiento fueron desapareciendo progresivamente".

Esto, según los investigadores, supone un gran hallazgo, ya que el déficit social es uno de los aspectos que puntúan en el autismo. En definitiva, para la Dra Landa, la intervención en el área social es fundamental para cambiar la evolución del autismo.

Pequeños cambios, gran diferencia

Según refieren los investigadores, una de las características de esta intervención es que sólo se aplica durante algunas horas al día como complemento de las actividades en clase normalizada, habiéndose demostrado que los seis meses de intervención en estas condiciones mejoran las habilidades de imitación social en los niños con autismo. Esta mejora es fundamental como pilar para el más amplio aprenidaze de la conducta social. En definitiva, nos dicen, la investigación pone en evidencia el como pequeños cambios durante el inicio de la educación infantil puede transformarse en mejoras significativas del desarrollo de las habilidades sociales.

Fuente: Blog del Dr. Joaquin Díaz Atienza, visto en Aspau

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Un fármaco resulta prometedor para el autismo

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Una sustancia química que altera la señalización química parece aliviar la ansiedad y otros síntomas.

Aunque la investigación aún es preliminar, los científicos parecen estar acercándose a una explicación molecular para al menos algunos casos de autismo. La investigación en animales de laboratorio, cadáveres, y ahora en un pequeño ensayo clínico en niños parece apoyar la idea de que el autismo es causado por la falta de regulación química en las sinapsis, las uniones entre las células cerebrales.

Estructura química del Armacoflen, un
fármaco que parece calmar la ansiedad y
otros síntomas

La última evidencia de esto proviene de un ensayo clínico de 25 niños autistas de seis a 17 años. El ensayo fue conducido por Seaside Therapeutics en Cambridge, Massachusetts. En una serie de datos no publicados hechos públicos la semana pasada, la compañía afirma que los niños parecían responder bien al fármaco arbaclofen y sufrieron efectos secundarios mínimos. El arbaclofen está relacionado con el fármaco baclofeno, un relajante muscular y agente antiespástico de uso común. Los niños tomaron el fármaco durante ocho semanas, y la mayoría registró mejoras significativas en las mediciones de irritabilidad y comunicación, dos problemas comunes en el autismo.
El hallazgo es considerado preliminar puesto que el estudio no fue controlado por placebo, es decir, los científicos no pudieron comparar a los niños que tomaron el fármaco con los que tomaron un placebo. Esto es especialmente importante en los estudios del autismo debido a que muchas de las pruebas utilizadas para evaluar a los pacientes son subjetivas, incluyendo las evaluaciones del comportamiento por parte de los padres y los médicos, afirma Jeremy Veenstra-VanderWeele, profesor asistente de psiquiatría, pediatría y farmacología en la Universidad de Vanderbilt. Alrededor de una media docena de sus pacientes participaron en el ensayo.

Aunque se necesitan más estudios, Veenstra-VanderWeele afirma que se vio gratamente sorprendido por la eficacia del medicamento. Un paciente adolescente que se había beneficiado poco de otros medicamentos se mostró bastante agitado al comienzo del estudio, siendo incapaz de permanecer en la sala con los investigadores durante más de unos minutos, señala Veenstra-VanderWeele. Ocho semanas después, el paciente estaba escribiendo notas a los investigadores y parecía mucho menos ansioso y agresivo—una respuesta inusual y particularmente alentadora a la medicación, afirma Veenstra-VanderWeele, que no tiene relaciones financieras con Seaside al margen de los ensayos. El propio ensayo fue financiado por Seaside.
En general, los sujetos parecían hacer contacto visual con mayor facilidad, y se mostraban menos agitados y ansiosos, afirma Paul Wang, vicepresidente de Seaside para el desarrollo clínico, así como pediatra del desarrollo conductual. Algunos fueron capaces de interactuar con sus compañeros más fácilmente y sufrieron menos propensión a participar en el balanceo repetitivo o los frecuentes golpes que a menudo son comportamientos característicos del autismo.

Seaside también ha probado el arbaclofen en niños con síndrome de X Frágil, un trastorno genético que se relaciona a menudo con el autismo. Ese ensayo, que era más grande y estaba controlado con placebo, demostró resultados positivos similares, según la compañía. El éxito de las pruebas con medicamentos, sobre la base de otras investigaciones, sugiere que el X Frágil es el primer buen modelo molecular para el autismo, afirma Randi Hagerman, profesor de pediatría en la Universidad de California, en Davis, y director médico del Instituto MIND de la escuela. Hagerman trabajó con Seaside en las pruebas del X Frágil, pero no en estas más recientes.

El desarrollo de tratamientos de fármacos para el autismo ha demostrado ser muy difícil, en parte porque aún no está claro qué es lo que lo causa. Los síntomas de la enfermedad varían mucho de persona a persona, y no se pueden diagnosticar con un examen de sangre o un escáner cerebral. El arbaclofen es uno de los pocos medicamentos que ha demostrado un beneficio.

El medicamento funciona al aumentar la producción de un aminoácido, llamado GABA B, que impide que los neurotransmisores se liberen en la sinapsis. Es posible que la activación insuficiente de GABA B en las sinapsis de las células en una parte específica del cerebro conduzca a la ansiedad excesiva que con frecuencia se observa en las personas con autismo y X Frágil, afirma el presidente, director general y cofundador de Seaside, Randall Carpenter.

Las investigaciones recientes sobre las autopsias de personas con autismo han demostrado que poseen menos receptores GABA B en comparación con los controles. Además, los estudios de roedores genéticamente diseñados para imitar los defectos del X Frágil apoyan la idea de que el aumento de la actividad de los receptores ayuda a aliviar los síntomas de la enfermedad, asegura Carpenter.

Es aún demasiado pronto para predecir si el medicamento tendrá éxito en ensayos clínicos más grandes, y en caso afirmativo, a qué edad debería comenzar el tratamiento. La compañía lo ha probado sólo en niños mayores de seis años de edad, debido a que es el rango de edad de los medicamentos que se usan actualmente para tratar la irritabilidad en los niños autistas. Carpenter señala que espera que con el tiempo se demostrará una mayor eficacia en los niños más pequeños, ayudándoles a evitar años de déficit, y también funcionará en los adultos con autismo, porque el daño sináptico no parece ser irreversible. Tampoco está claro, afirma Carpenter, si el medicamento deberá ser tomado por un corto período, para reprogramar y re-entrenar los circuitos del cerebro, o si los pacientes tienen que tomarlo por tiempo indefinido.

A los investigadores les preocupaba antes del estudio que la activación de los receptores GABA podría simplemente sedar a los niños, afirma Wang. (Las benzodiazepinas, como el Valium, que se utilizan como agentes contra la ansiedad y como pastillas para dormir, actúan sobre otro tipo de receptor GABA). Sin embargo, los informes de los médicos, además de las mejoras en la comunicación, así como irritabilidad, sugieren que la sedación no acabó siendo un problema. A continuación, Seaside espera poder hacer avanzar su investigación del X Frágil, y realizar un ensayo más grande, y controlado con placebo, en niños con autismo, señala Wang.

Fuente: technology review

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Desarrollan herramienta para medir la madurez mental

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Con la ayuda de un escáner es posible determinar qué tan bien se está desarrollando el cerebro de un niño en tan sólo cinco minutos, dijeron científicos en Estados Unidos.

Investigadores de la Escuela de Medicina de Washington diseñaron un método para identificar el grado de madurez mental infantil empleando imágenes por resonancia magnética (IRM) y un programa de matemáticas.

Según los investigadores, con la herramienta se pueden detectar signos de una variedad de trastornos psicológicos y de desarrollo, como el autismo y la esquizofrenia.

Y en un artículo publicado en la revista Science afirman que, en el futuro, el escáner podría ser utilizado para llevar un registro del desarrollo mental igual que hoy en día se hace un seguimiento del peso y la talla de los niños.

"Los pediatras regularmente trazan un índice de sus pacientes en términos de altura, peso y otras medidas, y después las comparan con las curvas estandarizadas que representan el desarrollo típico normal" explicó el profesor Bradley Schlaggar, un neurólogo pediátrico que participó en el estudio.

"Cuando las medidas del paciente se desvían de forma drástica de estos valores estandarizados o cambian de dirección súbitamente de un valor hacia otro, el médico sabe que hay necesidad de empezar a investigar por qué ocurre esto", dijo.

Estudiando las conexiones

El año pasado, el equipo de Washington publicó un estudio sobre cómo se desarrolla con la edad la función cerebral.

Para ello utilizaron IRM para trazar las fallas en los flujos de sangre y neuronas dentro del cerebro. El estudio sugirió que, en los niños pequeños, las conexiones dentro del cerebro parecían estar principalmente localizadas en regiones particulares.
Y, a medida que crecían, perdían estas conexiones de corto alcance y desarrollaban conexiones de largo alcance.

Los científicos creen que estas señales son menos frecuentes pero más precisas en el cerebro adulto.

Ahora el equipo de científicos trazó un mapa de este desarrollo neurológico en 238 individuos de entre 7 y 30 años de edad.

Los cerebros de los participantes fueron sometidos a escáneres utilizando una máquina de IRM y después los datos resultantes fueron introducidos en un complejo programa computacional algorítmico para producir un "puntaje" único que representaba la madurez cerebral.

"Con un escáner de cinco minutos pudimos obtener 13.000 mediciones de conexiones funcionales cerebrales" explica el doctor Nico Dosenbach, quien dirigió el estudio.

"Posteriormente tomamos todo el patrón de un determinado individuo y lo redujimos esencialmente a una sola medida la cual podía decirnos qué tanto había madurado funcionalmente su cerebro", agrega.

Esta medida, explica el científico, fue después colocada en una curva de maduración con la cual los investigadores pudieron determinar la relación entre la edad y el desarrollo de las conexiones cerebrales de largo alcance del individuo.

Los datos resultantes pueden ser un indicador de qué tan rápido o qué tan lento, comparado con la línea media, se está desarrollando el cerebro del niño.

Herramienta poderosa

Los investigadores están convencidos de que la misma técnica podría utilizarse para detectar condiciones específicas como esquizofrenia o autismo, aunque para ello sería necesario primero recoger los datos comparativos de estos trastornos e introducirlos en un nuevo programa matemático.

Según el doctor Dosenbach, este enfoque en el desarrollo de la función cerebral puede revelar más que los análisis de la estructura cerebral que se usan actualmente.

"Si observamos la anatomía cerebral de un adulto joven con esquizofrenia éste se ve totalmente normal, aunque el médico sabe claramente que esta persona está muy enferma y que su cerebro no funciona con normalidad", afirma el doctor Dosenbach.

"De la misma forma, para un radiólogo es difícil detectar con una mirada lo que está mal en los cerebros de niños con autismo y se deben llevar a cabo análisis más avanzados para diagnosticar al individuo con la enfermedad o en riesgo de la enfermedad".

Pero los científicos creen que con el nuevo escáner, los datos de los pacientes que sufren estos trastornos aparecerían fuera de alineación en la curva de desarrollo normal.

"La belleza de este enfoque es que te permite comparar cómo difiere de la curva de desarrollo normal un niño con autismo, por ejemplo, de un niño con trastorno por déficit de atención" dice el doctor Schlaggar.

"Esto sería una herramienta muy poderosa tanto clínicamente como desde la perspectiva de nuestro entendimiento de las causas de estos trastornos" agrega.

Fuente: BBC Mundo -ciencia y tecnología
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